Con el cambio podemos abrir la vida a nuevas posibilidades fomentando e incentivando la creatividad que debe ser crucial para el cambio organizacional, por ello, debe a su vez comprometer la imaginación de la gente. El proceso debe primero inspirar a los individuos y después a los grupos para poder coordinar y diseñar acciones bajo un mismo prisma y, todo esto, producto de ideas que se comparten porque sólo las personas tienen grandes ideas, sólo ellas pueden renovarse, reinventar la empresa y determinar el cómo.
Oech dice: "nada es más peligroso que una idea cuando es la única que se tiene". Definitivamente, la innovación se logra explorando, se logra descubriendo, primero, e integrando luego las ideas, los puntos de vista diferentes. Sabemos que la historia de las empresas está llena de buenas ideas a las que valdría la pena darles una oportunidad. No se trata de ver las estrellas individuales, sino de percibir la constelación.
Cabe, entonces, crear un espacio para explorar los casos de éxito, recoger las opiniones de los participantes con el objeto de comprender cómo y por qué suceden las cosas; así nos daremos cuenta de que cada uno tendrá su propia "verdad". Pienso que los ejecutivos necesitan encontrar la energía para el cambio, la misma que ya existe en el Dominio Personal de cada miembro de la organización, para liberarla, vincularla y canalizar su potencial, admitiendo lo que otros perciben, y así darse cuenta de que hay personas en todos los niveles que desean el éxito, pero que se sienten frustrados porque no se les da la oportunidad de contribuir al mismo, ya que no se les consideran sus sueños y necesidades individuales, por tanto no potencian sus recursos de manera creativa.
De tal forma, que los ejecutivos, en este momento crucial, deben poseer la facultad de facilitar, entender y alentar los procesos de autoorganización, aumentando así la capacidad de la gente para aprender.
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